El Lingotazo

“Península Ibérica, mil novecientos y algo. Hispania y Lusitania, con las arcas vacías y las Indias revueltas, deciden unirse en un solo reino de dos tronos fundando el Birreino de Hisperia. En él, la Inquisición cohabita con las criaturas mágicas, los galeones dejan paso a los poderosos barcos de vapor y los dirigibles ocupan el aire que hace siglos pertenecía a los desaparecidos dragones.

Izel, una mestiza proveniente de un extraño pueblo aztéxica, Félix, un sonriente mecánico norteño, y Lucas, un poeta metido a periodista, encuentran accidentalmente un lingote de oro de ocho kilos con un pegajoso rastro de muerte adherido a él.

Perseguidos por un misterioso asesino, recorrerán Hisperia a bordo de barcos, trenes, autobuses y dirigibles pirata en busca de respuestas para demasiadas preguntas. Como por ejemplo: «¿A cuántos muertos equivalen ocho kilos de oro?”

 El lingotazo es una novela de aventuras en una península ibérica alternativa, donde la magia y las máquinas de vapor conviven a base de codazos. Es una historia con final. Ni feliz, ni triste, pero con final.
 Pero a la vez, no es más que la primera de las aventuras que queremos contar en este mundo. Aventuras que pueden tratar de magia, crímenes, política, ciencia o servicios de mensajería, pero que tienen algo en común, todas ocurren exactamente en la misma época:
 Mil novecientos y algo.

El 3 de Junio en librerías.
 

Sergio S. Morán

Sergio Sánchez Morán (1984) es escritor gracias a vosotros.

Fue educado en Asturias a base de amor, sidra y cómics y ahora vive en Zaragoza, donde, al menos, hay dos de esas tres cosas.

Además autor y editor de la serie de cómics de Enseñanza Mágica Obligatoria y los libros de Parabellum, ha trabajado como guionista en el Jueves y en Orgullo y satisfacción, guioniza historias junto a Laurielle en El Vosque y ha empezado otra serie de novelas junto con James Stapleton en Mil Novecientos y Algo. Y más proyectos que se muere de ganas de anunciar, el pobre.

Dicen las malas lenguas que estudió Ingeniería Informática, pero que lo dejó para hacerse rico vendiendo libros.

Las malas lenguas aún se están riendo.